¡Ese es mi amigo El Huevo!

Existe un tiempo  en que te sientes inmortal y las escaleras del metro Barranca del muerto o Miguel Ángel de Quevedo las subes en un parpadeo, para luego continuar tu trayecto a donde sea, te das cuenta que más allá de tu calle, de tu colonia, existe un mundo por explorar y probar, por ejemplo: puedes beber por horas, incluso puedes saborear ácido sin hacer gestos, en esos momentos te sientes inmortal, de hecho así es.

Hace algunos años, mientras varios de mis camaradas y yo estábamos en esas lides de conquistar al mundo teníamos reuniones frecuentes allá por los rumbos de la calle Maravillas 322 en Villa de las Flores, Coacalco en el ¡Eeeeesstaaaado de Mééééxico! (léase en voz alta con el tono de Carlos Salinas de Gortari).

Esas tertulias era para ingerir cantidades industriales de bebidas embriagantes, apenas empezábamos a ‘ganar’ nuestros primeros sueldos todo se iba en hacer la coperacha para una ‘patona’ ya sea de Presidente o Bacardí, pagarla, pero sobre todo sobrevivir al día siguiente tras haber tomado ese tipo de brebajes es ya toda una hazaña.

Mantengo una gran amistad con dos gamberros de la gloriosa secundaria Felipe N. Villarello, fui testigo cuando este par de baquetones decidieron ‘aventarse un tiro’ a la salida, fungí como ‘padrino’ de Arturo Juárez “El pollo”, aunque le cague que le sigamos diciendo así, y Ramón siempre fiel escudero de Alberto Palafox, “El Palafox”, observamos cómo estos dos lacras, al tiempo ‘Lacras de la Ciudat’, casi frente a la escuela, ahí en la esquina de Tréboles y Cardos, intercambiaron y repartieron sin compasión patines, jabs, ganchos, para luego terminar con un ¡ya estuvo!

Con el correr de los años esa historia se convirtió en una leyenda urbana, porque nadie creyó que “El Pollo” y “Palafox” se hayan dado unos cates, la pregunta obligada ¿quién ganó?, ¿quién le sacó mole a quién?, no hubo sangre, al día siguiente nadie mostraba las huellas de la batalla, y las tarjetas de los jueces nunca las supimos para determinar al ganador.

Fue en uno de esos aquelarres en donde se volvieron ver cara cara,  como bien describiría el Doctor Alfonso Morales; imaginé que se iba a dar un segundo ‘round’, no hubo tal, lo que sí es una certeza es que esa disputa en la secundaria, casi frente a la escuela fue el cimiento para una gran amistad.

Entonces nos descubrimos como fans de la música rock en sus diferentes vertientes, finalizaba los años 80, “El pollo” estudiaba en el CCH Naucalpan, Palafox estaba por terminar su ciclo en el Colegio de Bachilleres, El Rosario, yo había daba tumbos en distintas escuelas, huyendo de las matemáticas; mi principal labor en esos días era andar de vago, según yo trabajaba como “Cerillo” en La Comercial Mexicana Suc. Pilares en la Colonia del Valle.

Previo a una de tantas reuniones ‘El Chiken’ decidió invitar a dos de sus valedores del CCH, en ese viernes solo llegó ‘El Garfias’ no recuerdo si era apellido o apodo, y como le gustaba ‘el chuflex’, se integró bien a la velada, en esa ocasión el otro compa, “El Huevo”, no pudo asistir, pero Arturo aseguraba que era a ‘toda madre’ y que nos iba a caer de ‘peluches’.

Con “El Garfias” dilucidamos acerca de la importancia de la aportación de los Mayas a la cultura universal, “El Pollo” literalmente ya había volado a su casa, en tanto que “Willie”, así lo llamaban en su casa a Palafox, se encargaba de poner los discos para luego llegar e interrumpir y decir: ¡Entonces llegaron los filisteos…! Para luego defecarnos de risa y reiniciar la charla.

A la siguiente reunión “El Garfias” ya no asistió, pero hizo su aparición Felipe Carranza, alías “El Huevo”, la razón del apodo según recuerdo era por la forma de su cabeza, este valedor fue aceptado de inmediato en nuestra comuna; fan irremediable de “The Beatles”, o “Los Bitols” como él lo pronunciaba, ¡vago por convicción! vecino de Ciudad Azteca, allá en los terrenos de Ecatepec o sea el ñero era ¡pesado!, lo sigue siendo.

Melómano, ojo alegre o como nosotros decíamos: “El Huevo es bien frío", ironizando ¡claro!, su ‘calentura juvenil’; en su presentación con los ‘Lacras de la Ciudat’ se puso una buena peda y como era costumbre amanecimos el sábado, ¡éramos inmortales!

En algunas de esas bataholas no pude asistir, pero luego me ponían al tanto de las hazañas de “El Willie”, “El Pollo” y “El Huevo”, los retos eran muchos pero principal meta era ver quien tenía mayor resistencia, a la par que se cantaba rolas de “los Bicles”, “Los Rolins”, “Las Águilas”, especialmente la mítica “Hotel California”, claro sin olvidar a “Los Cridens”, o bien “Arturín”, porque como bien lo describimos le molestaba que le recordáramos su apodo emplumado, estaba aprendiendo a rasgar la lira se aventaba unas rolas de los tríos, para que uno que otro que estaba presente se soltara a llorar como Magdalena, de esa historia me haré cargo otro día.

Era la final del año 89 o 90, la vida si iba en esa monotonía de asistir a la escuela, trabajar, tratar de conquistar mujeres, demostrar nuestros conocimientos musicales, denostar a quienes considerábamos ‘fresas’, recordar los tiempos en la Secundaria, o de cómo nos acabamos una “patona de bacachá”, a mi colección de ‘cassettes’ -- ¡vaya que si era otra época!—había agregado recientemente el del grupo inglés comandado por Mark Knopfler: Dire Straits.

“Money for nothing” era el nombre de la rola que le daba nombre a al álbum, canción que fue piedra de toque para el canal de música MTV, su riff inicial es uno de los mejores y más pegajosos que hay en el rock, en los primeros acordes de inmediato nos dan ganas de hacer la mímica de tocar la guitarra.

La canción la había escuchado hasta la saciedad, pero unas 200 veces más no basta, “El Pollín” esta vez aguanto rigor y mantenía el rimo de todos porque  cantamos a todo pulmón: Now look at them yo-yo's that's the way you do it/ You play the guitar on the MTV/ That ain't workin' that's the way you do it/Money for nothin' and chicks for free.

Nuestra pronunciación del inglés en ese momento era peor que la de Peña Nieto, pero a la hora de ‘cantar’, por así decirlo, eso no se notaba salvo que estuvieras fuera de compas o no te supieras la letra, ese fue el caso de nuestro amigo “El Huevo”, quien le ponía mucha enjundia y pasión cuando la estrofa terminaba en Money for nothin' and chicks for free, pero lo hacía a destiempo, tal vez en ese momento los efectos del Bacardí o Presidente ya habían hecho efecto, por lo que llevar el mismo ritmo en la rola le resultaba una difícil misión, a la rola 100 se dio por vencido y ya no cantó, por lo que se limitó a escuchar a los demás “desafinantes”.

Para bajarnos los humos del alcohol decidimos organizar una carrera en la calle, eran las tres o cuatro de la mañana, el asfalto de se había deteriorado desde hace varios días por las lluvias, por lo que parecía más un campo de batalla que una cuadra en donde habitan familias de la desaparecida clase media, así que sin mediar consecuencias nos alistamos, ¡caray, éramos inmortales!
Así que tomamos nuestros carriles imaginarios:

--En sus marcas…
--¿Listo…?
-¡Fueeera!

No recuerdo si nos turnamos en dar las voces o fue solo uno quien llevo a cabo ese ritual, lo que sí es seguro que se nos unió “El Hunter”, un perro blanco raza Jack Russell Terrier, quien salió a toda velocidad dándonos una muestra de su habilidad para esquivar los baches, llegar a la meta fresco, seco y en la mirada el triunfo. Las carcajadas eran escandalosas pero nadie se quejó.

La carrera provocó sed la cual pretendimos mitigar con las “cubas de Bacardí”, a unos labregones para quienes el deporte había dejado de ser prioridad, el sprint les provocó sueño ese fue el caso de “El Huevín”, a otros los ‘entabló’ y prosiguieron con la velada musical.

Como estábamos en nuestra etapa de rock ingles nos pasamos el resto de la velada según nosotros “cantando”, repetimos de nuevo unas 50 veces Money for nothing y cada que cerraba el verso con Money for nothin' and chicks for free Felipe en automático despertaba y la cantaba, ¡chale!

Lo más curioso de esa madrugada fue cuando por alguna razón en esa radiograbadora con doble cassettera (insisto ¡vaya que era otra época!) que amenizaba la borrachera se escuchó los primeros acordes de When we get married (1969), Cuando nos casemos en español, rola de la agrupación 1910 Fruitgum Company perteneciente a la corriente bubblegum pop estadounidense en aquellos convulsos años del siglo pasado.

And there'll be flowers baby, for you and me/ Just wait and see, and everyone is gonna come/ And there be sunshine baby, in every room/ That afternoon when we get married
Chorus: When we get married (when we get married)/ When we get married (when we get married)/ When we get married (when we get married) when we get married…

Estábamos en el desgañite cuando “El Huevo”, quien parecía dormir el sueño de los justos, se incorporó, nos miró 'inquisitoriamente', esbozó una sonrisa, con dedo flamígero nos señaló y dijo:

--¡Esa es Cuándo nos casemos!, para luego volverse a dormir, sin mediar alguna otra palabra.

Por un breve instante nos miramos, para luego soltar tremenda carcajada, ¡qué pedo con “El Huevo”! soltó Palafox, ¡Chale con este wey!, dijo Arturo, mientras yo pensaba: ¡sí, somos inmortales!

Hoy a la distancia Felipe sigue en un barrio pesado en L.A., Alberto Palafox es un exitoso padre de familia, Arturo es Doctor en una universidad del país y quien tecleó estas líneas se dice periodista. Y todo esto para relatarles un poco de la época de nuestro amigo El Huevo.






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