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¡Cien años, Doña Teófila!

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Foto: Martín Ramírez Sandoval Los años de Cosoltepec sueñan vagan, viajan en el aire Y los cien años de Teófila: guitarras acordeones, trompetas lo anuncian Enero de 1924, hace 100 años; hace un siglo mi "Abue" llegó a este mundano mundo y dicen: no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, pues mis dos abuelos resistieron los 100 años no sé si padecieron todos los males, pero el cuerpo que es el estuche del alma ya los hace eternos. Hace seis años que redacté el texto de mi Abuelita, quien no solo marcó el carácter si no a toda su descendencia, hijas, hijos, sobrinos, nietos, bisnietos y tataranietos, sin duda es referente de quienes somos. Mi abuelo Victorino cumplió el siglo, mi abuela llega a la centuria, después de eso ya todo es un viaje de ida y vuelta de vivencia, de recuerdos, de ser lo que es en la actualidad, la piedra angular de una familia que no deja de crecer y que con seguramente un siglo después en el 2124 recordarán a esa Doña Teófila Hernández...

El último baile

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Acabo de terminar de ver el documenta de los Toros de Chicago , ese mítico equipo de basquetbol, comandado por Michael Jeffrey Jordan , de la década de los años 90 del siglo pasado, sin duda me transportó a esos años en que aún era estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva en la entonces Escuela Nacional de Estudios Profesionales Acatlán , hoy FES Acatlán . Al ver esta serie The Last Dance de uno de los deportistas más importantes del mundo es que una de esas finales la pude ver con mi abuelo don Victorino Sandoval Espíndola, ese era su nombre, quien para ese tiempo tuvo que vivir un tiempo en casa de mi madre porque tenía un severo tratamiento en la próstata, dolencia que lo aquejó hasta el final de sus días, el hombre vivió 100 años, son personas que están construidos de esa madera que ya escasea. Cada noche que había juego regresaba presuroso para sintonizar TV Azteca para escuchar la narració...

Los gustos culposos en los tiempos del Coronavirus

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Lo sostengo cuando confiesas tus gustos culposos, éstos dejan de serlo. Así que en estos días de confinamiento voluntariamente a la fuerza he explorado algunos recuerdos que parecían sepultados en la memoria, pero esto de no salir a la calle para hacer una vida normal nos ha convertido en animales en cautiverio, extrañamos la libertad de no hacer nada a pesar de no hacer nada, en efecto esto de echar la “güeva” tiene su chiste. Pues bien, uno de los retos era leer, leer y leer, pero al iniciar al Quijote de la Mancha en la búsqueda de la tan mentada cita “…deja que los perros ladren que es señal de que vamos avanzando”, decidí pausar la misión por unos días para tomar fuerza poder terminar las mil seiscientas y pico de páginas de una edición de aniversario, ¡en fin! El estar conectado de manera permanente en la red, durante este cautiverio nos pone al filo de una sobredosis de información, misma que puede generar un coma de noticias falsas, o si lo quieren agringar de la...

Chabacanos en flor

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A  mi amigo Olafo , que sus  relatos inspiraron este texto Tuvieron que pasar once mil setecientos treinta días, eso sin contar los años bisiestos, fue una larga espera para finalizar el inicio de un sueño largamente anhelado, y entonces todo se hizo realidad .  Aquella ocasión, tal vez verano, a lo mejor otoño, posiblemente primavera o bien pudo ser invierno; ocurrió en la mañana, por la tarde o recién había caído la noche cuando se dio un encuentro furtivo, inocente, malicioso. Hubo miedo, emoción y sensaciones que nunca antes habían imaginado, en ese momento volaron mariposas de concupiscencia; era un primer beso de infantes ¿Precoces? No lo creo; era un deseo anhelado aún para sus cortas vidas, había mucho que recorrer… mucho.   El unir los labios con una chiquilla, de fuerte carácter, algunos la consideraban odiosa, pero para él, ella era su sueño, rubios cabellos, delgada figura que ya dibujaba sensualidad, mirada estricta y a la vez cá...

Vivir rápido y morir joven...

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“Vivir rápido, morir joven y hacer un bonito cadaver” es el mantra que repetía James Byron Dean cuando se estrelló en su Porche “Little bastard” en un árbol en las carreteras de California EUA, el individuo tenía apenas 24 años. Así con con cada ciclo que iniciamos el 1º de enero y lo culminamos cada 31 de diciembre, el 2019 vivió rápido, muere joven y en unas horas ya será un hermoso cadáver, pasó con el 2018, con el 2017 etcétera, etcétera.  Como sucede en cada inicio y fin de ciclo, no podemos dejar de intentar recapitular lo que hicimos y dejamos de hacer, en ocasiones ese balance tiende ser más negativo, pero en eso que llamamos “fracasos” es donde se genera el aprendizaje, donde obtenemos experiencia y si al año siguiente repetimos lo mismo, bueno eso es indicativo que somos amantes del masoquismo.  En mi caso el 2019… “Me dejó una chiva/ Una burra negra / Una yegua blanca / Y una buena…” bueno además de eso tuve la oportunidad de poder publicar mi pri...

¿¡Y los cabarets!?

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A mi amigo Víctor Hugo Velázquez Bernal El "Jo", que no suelta el vidrio,  acompañando a el "Pipo" La noticia la recibí hace unas semanas vía mesengger, palabras más, palabras menos el mensaje era que. Víctor Hugo, el “Pipo”, había fallecido; ¿cómo?, ¿de qué?, pero la pregunta esencial era: ¿por qué?, tratar de responder este cuestionamiento es parte del misterio de este paso que tenemos como seres mortales en este espacio-tiempo que llamamos vida. Conocí al Pipo cuando tenía escasos 11 años, acababa de arribar con mi familia a ese suburbio llamado Villa de las Flores, Coacalco, ¡en el Eeeeeeestaaaaado de México!, ahí en la calle de Maravillas (una eterna cantera, de cábulas, dirían otros buenos amigos) convivimos, tuvimos innumerables aventuras, peleas, discusiones, grandes juegos de futbol y ‘tochito’, interminables charlas en donde planeábamos el futuro que nos deparaba, por supuesto que cuando tuvimos edad unas parrandas de antología, como aquella e...

¡O eres Napoleón o no eres nadie!

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La platica era tan acalorada que en ocasiones parecía mas una discusión, ese intercambio de argumentos, por decirlo de alguna manera, era presenciada por el hermano que menos hablaba, los veía divertidamente al fin y al cabo él ya había elegido el rol que iba jugar, pero sus otros dos carnales no definían quien iban a ser. Su madre, quien estaba más ocupada por los quehaceres del hogar, solo los escuchaba, pendiente, si en algún momento las cosas se salieran de control, de ser así el matamoscas, o el cinturón serían protagonistas de la escena que se desarrollaba en la casa.  Afuera el cielo pardeaba, las nubes se tornaban grises se pronosticaba un fuerte aguacero, el paso de los autos se escuchaba en la vecindad, uno que otro avión surcaba los aires rumbo al aeropuerto de la gran ciudad, la hora del juego ya había pasado, ya habían cumplido con sus deberes escolares, las carícaturas en ese momento no eran de su interés, así que lo que les divertía era escuchar la radio. ...