Día de ofertas (Gambusinos)
| Foto Marcos Betanzos/Vice: Postales de un basurero de Neza |
Un inmenso cielo azul al oriente de la ciudad, ni una nube eclipsaría las ofertas del día. Pepe e Irma y sus dos hijos, Zeus y Hermes, quienes aún ataviados con el uniforme de la escuela ponían atención a cualquier detalle, no dio tiempo de regresar a casa para cambiarse de prendas, los niños estaban félices, sacarlos de la aburrida y monótona siempre Primaria “Solidaridad”.
José Carlos Montes de Oca Márquez, quien llevaba apenas un año siendo vecino y asiduo “cazador de ofertas”, mientras caminaba al lado su esposa Irma Grisell Caldelas Sanay recordó todo lo que le había contado, sonría, ahora al igual que Irma poseían un bronceado permanente, se cuidaban sabían que el sol suele ser severo con los de piel blanca y tersa, ya no recuerda cuando fue la última vez que fueron a la playa, fue precisamente en el Malecón de Mazatlán donde conoció a su esposa, delgada, de bellas formas, nunca se había perdido tanto en unos ojos turquesa como en la inmensidad del mar, de eso ya tiene 15 años, Zeus está por cumplir 8, Hermes 6, tuvieron buenos tiempos, hoy solo saben que todo es un día a la vez. Irma no había perdido ni un milímetro de su belleza, se sentía segura al lado de ‘Charly’, como ella le decía a pesar que ese mote le molestaba, lo seguía admirando, a pesar de todo conservaba esa gallardía, esa dignidad que solo se sale a flote en los momentos más difíciles, sus grandes ojos, unas cejas pobladas y últimamente un espeso bigote, coronado con una oscura abundante y ensortijada cabellera le daban mucha autoridad, aunque tal vez por dentro sea más frágil que un castillo de naipes. ¿Los niños? Los niños estaban felices, era día de recreo.
--Somos gambusinos, en busca de tesoros, dijo, apenas o a penas, Pepe.
--¡Qué!, respondió Irma, quien estaba más atenta en sus pequeños herederos
--¡Nada, nada! Se vio en los ojos de su esposa, apresuró el paso, iban a dar las 8 de la mañana.
Foto Marcos Betanzos/Vice: Postales de un basurero de Neza |
Desplazados, los vecinos del poniente de la ciudad no tuvieron muchas opciones, ni siquiera les dieron compensación por sus pequeños predios, ¡aceptaban o aceptaban! las posibilidades de trabajar como artesano de la construcción, albañil pues, no eran grandes, se tenía que pertenecer a ese grupo que manejan los sindicatos para contratar gente, primero tenías que conocer a los “jefes”, que su vez conocían a sus otros “jefes” y así la pirámide infinita y para ser parte de la base, del último escalón había que tener un contacto, con quien había que “ponerse la del Puebla” para que lo pudieran recomendar, si lograbas entrar también había que dejar unos pesos aquí, otros acá, otros acullá, si entrabas como Maestro de cuchara, pues se podía estirar la liga, pero si eras “media cuchara” o “chalán” pues al final terminabas pidiendo prestado para regresar a casa.
Pronto muchos se mudaron, algunas familias con algunos billetes en el bolsillo, por haber aceptado la oferta se regresaron a su tierra, pueblos olvidados de Guerrero, Toluca, Michoacán, otros más aferrados encontraron ofertas en las vecindades del centro de la Ciudad, algunos se refugiaron con sus familiares que habitaban en otros puntos de la periferia del “De-Efe”, Tlanepantla, Naucalpan, Chalco, Atizapán, Coacalco, Ecatepec, Neza, Chalco, municipios que comenzaban a crecer desmedidamente a causa de los “líderes oportunistas” que vendían lotes, recibían el adelanto y luego desaparecían. Así es como los paracaidistas empezaron a ser una plaga para las autoridades, que les quitaban su calma y paz para dotarle de servicios a esas inoportunas comunidades que no respetan las normas, reglas, leyes, que después de un tiempo pedían, no, no pedían, exigían los servicios de agua, luz, drenaje, pavimentación, hasta se atrevían a pedir la regularización de sus predios ¡habíase visto tal cosa!
Foto Marcos Betanzos/Vice: Postales de un basurero de Neza |
Se detuvieron un instante, Pepe tomó aire, Irma ya había encontrado unos trozos de madera, para hurgar en ese mar de desechos para unos cuantos, pero un mar de posibilidades para muchos, le volvieron a indicar a los niños que primero usaran esos improvisados bastones, hay que tener cuidado de los vidrios, fierros oxidados, jeringas que se usaron, que abrieran bien los ojos, esos ojos verdes que habían heredado Zeus y Hermes de sus abuelos maternos, los niños querían explorar solos, ¡no! dijo terminantemente Irma, “la Jefa” había hablado, solo quedaba obedecer.
Pepe sonrió con melancolía, la situación es complicada, pero… la risa de sus hijos lo animó y ante el solo saco su gorra de los Raiders, le dio a cada quien la suya, les untó el protector solar, volvió a dar indicaciones que escucharon atentamente, vio a Irma, es una fortuna estar en familia, hay quienes perdieron todo, la dignidad, por ejemplo. Y empezaron su búsqueda, tal vez hoy renovarían muchas cosas
José Carlos Montes de Oca Márquez, antiguo director del departamento de inversiones de una filial del Banco de Comercio, “Charly”, aún recuerda cuando leyó el titular de ese diario que tanto detestaba porque le manchaba los dedos
Se consumó el “atraco” Fobaproa en San Lázaro
Era el 13 de abril 1998. Todo se vino abajo, el gobierno decidió rescatar a las corporaciones en crisis, convirtiendo sus deudas en deuda de todos los mexicanos.
“¡Papá, Papá!”, gritaban sus hijos alegremente. “¡Charly, Charly ven!” apuraba Irma con una gran sonrisa, Pepe fue con ellos a lo mejor era el maletín repleto de “cueros de rana”, acuérdense era el día de ofertas.
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