Una libreta extraviada

Me verás volar por la ciudad de la furia
Donde nadie sabe de mí y yo soy parte de todos
(La  ciudad  de la  Furia  /Soda Stereo)

El día exacto que la vi por primera vez no lo pude anotar en mi inseparable libreta, hoy extraviada, y es que eso ojos color miel, una mezcla de melancolía y alegría me dejo casi petrificado, como lo hacía Medusa cuando los valientes por observar su impactante belleza quedaban petrificados en piedra, la historia es otra, pero yo la prefiero así. 

Con el paso de los días, las semanas, los meses y los años, solo la admiraba, cuando tenía la fortuna de estar cerca, yo estaba en el cielo, voz suave, melodiosa, había picardía, ¿provocadora de actitud, de porte, de…? Tal vez. 

 

Al igual que San Valentín, ese querubín llamado Cupido, es certera arquera, eso dicen que significa su nombre, en efecto muchos han sido y son blanco de tan fina puntería. Varios, no pocos admiraban ese andar, ese caminar tan elegante, tan cadencioso, que lo único que les quedaba era soñar, sí por soñar no se paga.

 

¿Cómo han pasado los años…? dice una canción, y los años han pasado bien, muy bien diría yo, fue también una tarde, calurosa o lluviosa, fue primavera, verano, otoño o invierno, no lo sé porque de nuevo esos ojos color miel me petrificaron, mi inseparable libreta, hoy extraviada, hace mucho que estaba guardada en un oscuro rincón de un cajón, tal vez ahí estaba anotado el primer día que la admiré por primera vez, es muy posible que lo registré sin darme cuenta, eso pasa cuando entras en una dimensión, no desconocida, pero siempre anhelada, creo que haré una revisión a lo mejor encuentro en ese cuaderno a rayas el registro de ese día.

 

Lo que si pude registrar, ¡já!, y eso ya se dije en una ocasión, que sin querer, o tal vez si, la suerte, o tal vez no, el destino a lo mejor, me llevó un domingo por la mañana en un gimnasio de la Verde Antequera a tratar de narrar un juego de basquetbol, pero al final tuve que contar los detalles de una pelea de lucha libre, y es que…

 

“¡Respetable público, lucharán a dos de tres caídas sin límite de tiempo!… La arena estaba de bote, bote, la gente loca de la emoción en el ring luchaban; que bien podríamos cambiar a… en la cancha se enfrentaban los dos equipos rudos equipos de mucha afición… y la gente comenzaba a gritar se sentía enardecida sin cesar, métele la Wilson, métele la nelson, la quebradora y el tirabuzón, quítale el candado, pícale los ojos, sácalo del GYM. métele la Wilson, métele la nelson, la quebradora y el tirabuzón, quítale el candado, pícale los ojos, sácalo del GYM. 

 

Después de tanta adrenalina, y sin poder apretar el botón del obturador de mi cámara y porque no quería perder detalle de lo que mis castos ojos observaban vi cómo, esos ojos color miel, no se dejaba de nadie, los relevos australiano, la rebambaramba, la cámara húngara eran nada en comparación en lo esa cancha de basquetbol se convirtió, al final una vez que los ánimos, parecía haberse apaciguado, se aceró y así con mucha calma, despeinada, y con una sonrisa en los labios, preguntó: ¿tomaste fotos?. Sin salir de mi asombro por lo que acababa de presenciar, solo dije un poco sonrojado: ¡Já¡ No, pero haré la crónica, y así lo hice. 

 

Con el paso de los años, la volví a ver… en esos ojos color miel la mezcla de melancolía y alegría se había acentuado, su sonrisa era más profunda, el ring, el cuadrilátero ya era de otro tipo, era un coliseo romano en donde en ocasiones, el pulgar arriba o el pulgar abajo, deciden el destino de muchos, de miles, de millones. Su cadencia se acentuó, sus pasos son más firmes, son certeros, sabe de dónde viene y a dónde va, eso es sin duda admirable.

 

Hoy es viernes 13, mañana es 14… ¡Uuuuh, cósmico! (porque el 14 es su cumpleaños) mientras escucho a Soda Stereo: “Me verás volar en la Ciudad de la furia… Me verás caer como una flecha salvaje Me verás caer entre vuelos fugaces, ¡oh!” Sigo pensando o imaginando si registré la primera vez que la vi, revisaré ese lugar oculto del cajón para encontrar esa extraviada libreta, ¡quién sabe! a lo mejor yo mismo me llevo una sorpresa.





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