Apodos, alías, motes, alter ego
“Era corriente y canelo, el perro que yo refiero lo llamaron Fandanguero cuando lo vieron crecer”… en teoría ese sería mi apelativo, apodo, alías, seudónimo, alter-ego: “Fandanguero”. Pero se quedó en Canelo. ¡Sí! ahora ya un famoso y cuestionado boxeador que así lo apodan, pero en ese tiempo pues quién lo iba a imaginar, por supuesto que al principio me calaba, pero después ya hasta cariño le agarré al apodo y más…
“Se fue siguiendo la huella del amo que no volvía tenía más de tres días que no quería comer, era corriente y canelo el perro que yo refiero, lo llamaron Fandanguero cuando lo vieron crecer, ¡qué perro, pero que noble animal!, ¡que perro nunca se me ha de olvidar!...”
Antes de existir el mentado 'bullying', había gandallas, gandules y lo que le sigue en las escuelas, desde primaria hasta la universidad, lo que son las cosas de la vida, siempre me junté con la tropa ‘gandulesca’, yo era en ocasiones sólo el testigo y relator ¡ja! Ese vocación de cronista ya se manifestaba desde aquellos años mozos.
Pues bien no sé cómo se da la mecánica de los apodos, que cada quien recuerde el suyo, por ejemplo en mi añorada escuela secundaria, sin ser el confidente, recuerdo los apelativos de los profesores y profesoras la ‘Pistachona’, la ‘Fantomas’, el’ Charrito’ y la ‘Charrita’, el ‘Zapote’… el ‘Quena’, me recordó un amigo, y no te olvides de la ‘Hitler’ –condenada chaparrita--, por supuesto que hay maestros memorables, pero había otros que de verdad no sé cómo es que les dieron la oportunidad de enseñar.
Edmundo Maya Franca, el ‘Aligator’, caramba de no ser por ese profe yo no me hubiera interesado por la lectura él fue quien me presentó a Juan Rulfo, aún recuerdo cuando nos obligó leer El llano en llamas “no oyes ladrar a los perros…”, o ejercer el género espitolar por lo que le tuvimos que redactar una mítica carta que le tuvimos que remitir a “La Quebrada” allá por los rumbos de Lechería en el Estado de México… Ahora a la distancia causa riasa, sí aún existía el correo postal, hoy bueno sólo sirve para que te vayan a dejar los recibos de cobros y a veces ni eso.
Nuestra querida maestra Conchita, apodos tenía un resto pero de no ser por ella muchos de nosotros no hubiéramos adquirido esa disciplina de estudiar diariamente porque todos los días nos hacía exámenes y que esa parte de que a sus consentidos siempre los ponía en primera fila si se llevaba a los mas baquetones al frente para que dejarán de echar desmadre… la razón principal creo es que ella a pesar de sus pispiretos ojos verdes sufría de estrabismo y bueno a veces no sabías si te miraba a ti o al de a lado o al de atrás, ella es otra de las profesoras que de verdad recuerdo con cariño.
Y el profe de Matemáricas a quien le decíamos el ‘Genio” y no era por que solo aparecía cuando abrían una botella, no era por un anime de aquella época, caramba con ese profe tuve mi última buena calificación en matemáticas después no volví a ver un 10 hasta mi primer año en la carrera hasta ahí entendí que una calificación superior al seis es mera vanidad.
Y qué te puedo decir de Catalina, nuestra maestra de Artes Plásticas… aún me genera suspiros, ¡jajaja! lo siento Cronos yo la vi primero, bueno la vimos todos mis compañeros de salón que pesar de esos dientotes de conejo y esos lentes de nerd era una lindura, además jugaba basquetbol y lo hacía bien.
En una de sus clases se presentó una mítica suceso, no sé si todos lo recuerden pero yo si en una ocasión nos pidió jabón para hacer según ella unas esculturas, así que todos obedientes llevamos el material además de un cuchillo, ¡qué combinación! En efecto ‘la Iglesia en manos de Lutero’ o de varios luteros… mientras Cata, Catita estaba en el salón todos estuvimos disciplinados, pero la casualidad o la causalidad se dio, ella tuvo que salir porque había junta de maestros, bueno ese creo que fue el motivo…
Adolescentes, jabón y para colmo lluvia… Sí nuestra jefa de grupo nuestra añorada karateca ‘Mago’ no pudo controlar a los más de 60 escuincles que empezaron una guerra de jabones; zote, zest, nórdico, palmolive, todas las marcas --habidas y por haber en ese tiempo--, volaron por ese salón que en verdad se convirtió en una zona de guerra… había que derrotar al aburrimiento y al tedio, el aguacero duró lo suficiente para que eso se convirtiera en un caos.
Y qué podía hacer ‘Mago’, ¡nada! A pesar de sus conocimientos artemarcialistas se tuvo que unir a la batalla, pero tenía la obligación de apuntar o delatar a quienes fueron los iniciadores de las hostilidades y más porque el jabón llego al patio y bueno… agua+jabón=seguro resbalón.
De las pocas veces que me llamaron a la dirección esa fue una de ellas; tuvieron que citar a mi señora madre para que escuchara el porque me portaba mal, claro no fui el único ya que me acompañaban otra media docena de compañeros que según ‘Mago’ fuimos los causantes de la Revolución del Jabón.
¡No digas más!, si era un lacra, pero no era yo en verdad, siempre me tocaba estar con la banda, y bueno ni modo que en ese momento me pusiera a leer, después de la reprimenda de la sub directora, de Catita y de claro de mi mamá la Revolución del Jabón, fue solo una revolución interrumpida, en sí ya es una anécdota que aún me provoca sonrisas.
‘La Hitler’… la verdad no recuerdo el nombre de la maestra, lo que si es que ella media si acaso 1.20m era una chaparrita endemoniada que impartía la clase de historia o Ciencias Sociales, que bueno no nos dejaba ni respirar, si pasaba una mosca y si por casualidad manoteabas ya tenías un punto menos, si sentabas mal otro menos, si contestabas mal dos menos, así hasta llegar al cero ¡me lleva! Por un tiempo aborrecí la historia, afortunadamente ya en el bendito Colegio de Ciencias y Humanidades, para decirlo más breve el CCH, ahí me encontré con profesores que me ayudaron a quitarme el trauma que nos había causado la maestra, porque creo que no fui el único.
Y por qué Hitler, porque en verdad era una tirana, pero al final era una buena maestra, en fin me la pasaría toda la tarde recordando a los apodos no sólo de los maestros sino de los de mis compañeros ¡ja! Es un ejercicio que espero pronto hacer.
A mi me han dicho Canelo, Olafo, Camboyano, Ojitos, Negro, Chilango, Emilio Charles, Juan Topo, Mihouse, Chac, Silvestre y recientemente me dicen Gato… pero sabes tararear estas coplas: “Era corriente y canelo, el perro que yo refiero lo llamaron Fandanguero cuando lo vieron crecer”… definitivamente me traslada a mis años maravillosos de la Felipe Neri Villarello.
(¿proseguirá?)
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