"Chinto Flowers"

Por que yo no he de dar el ejemplo

De dejar a mis hijos sin padre

Yo prefiero morirme a tu lado

Aunque vivamos como rivales

Frente a ellos te haré una caricia

Pero es falsa de sobra lo sabes

(El ejemplo/Los Tigres del Norte)

La mirada es maliciosa, vengativa. Tiene ojos grandes, expresivos, ¡sí!, pero ralas cejas asustan. Es de nariz ganchuda, su labio está adornado con unos cuantos pelos, necios, ese casi invisible bigote apenas puede distraer la siniestra sonrisa, que dibuja cada que se acuerda que existe ese gesto; el mostacho él lo presume: “que me lo arreglen a la ‘Pedrito Infante’”, cada vez que acude a que lo afeiten, a que le arreglen ese pelo de alambre. El barbero-peluquero, sufría para remediar lo irremediable; los minutos se le hacen eternos a ambos al final, tras mirarse al espejo se retiraba molesto, nunca le agradaba el resultado final. La piel se marchitaba cada vez más con ese escrutinio a su reflejo. “El poder, solo cuenta con el poder” murmuraba.

¿Fornido? Tal vez. De estatura media, siempre fue relegado por sus compañeros. Era individualista, envidioso, siempre quería resolver, pero unas veces si y otras también fallaba, poco a poco se alejaron, entonces aprendió a ser zalamero con quienes lo podían beneficiar, y despreciar a quienes solo los veía como estorbos, grises, ordinarios; se percató que la persuasión funcionaba mejor cuando se ‘dibujaba’ como víctima, causar lastima, el ego lo guardaba para los momentos de soledad en el espejo. 

 

Las cosas no han cambiado, solo que ahora tiene poder o eso dice tener; todos aquellos que lo rechazaron, están desterrados, olvidados, las chicas que le hicieron el feo, poco a poco sucumbieron por la insistencia, sin elegancia, sin educación, solo un relumbrón, la necesidad; aprendió a distinguir sus carencias, sus falencias, sus traumas, esas necesidades: afectivas, financieras, sentimientos a veces primitivos, básicos, que son parte del ser humano, que muchas de las veces enredan, atrapan, atascan a cualquiera y habría que ser un verdadero hijo de… para aprovecharse de esas debilidades, él lo hizo, Jacinto Flores, mejor conocido como “Chinto”, logró graduarse con honores en cada uno de los niveles que estudió, siempre haciéndole la barba a los maestros, fue él quien pasaba el chisme de lo que hacían sus compañeros en clase, el sexto año de primaria inventó el rumor que Alfonso, quien se perfilaba para ser abanderado, había dicho que el maestro Serafín había llegado borracho a la escuela, y sí llegó desvelado con los ojos rojos, pero por haber cuidado a su hija que se había enfermado de fiebre, el Profe se enteró y al final por alguna extraña razón eligió a “Chinto” para ser quien portara el lábaro patrio durante las ceremonias en ese último años de primaria, pronto se convirtió en hacer los mandados, ese lo quedaba bien y lo disfrutaba, todo para no estar en el salón donde todos lo desprecian, compraba las tortas, sacaba las copias, se quedan a “dizque ayudar” para revisar las tareas en la escuela, en algunas ocasiones cuando se lo proponía, podía ser simpático, incluso caía bien, pero ser la remora.

En secundaria, sabiéndose poco agraciado, su fama de oportunista creció, él veía a todos tener sus primeros escarceos amorosos; observaba su reflejo en el espejo, un rostro lleno de acné, con ese gesto que intentaba ser de un ‘dandi’, pero en realidad asustaba, para él, para Jacinto era imperativo tener pareja, decía que esa era la única forma que esos desagradables granos se desvanecieran, que esa piel brillosa de su ovalado rostro se volviera de nácar, porque no todo era imaginación, sueños húmedos, pero nunca le hicieron caso, huían, y esos granos, esa piel grasosa solo desapareció con el tiempo, aunque pagó para no quedarse viendo, le urgía, por lo que una tarde noche de otoño, acudió a uno de esos congales de mala muerte, por meses reunió el dinero para completar la transacción, pero ni siquiera las meretrices lo veían con agrado a pesar del dinero que iban a ganar por unos cuantos minutos, solo una de ellas, ya entrada en años, con la necesidad de esas apuradas monedas aceptó la encomienda, con una fría paciencia le dijo que hacer, vio a aquel adolescente de casi ya 15 años, apurado, desesperado, pero a vez siniestro, ella con la experiencia que le da la vida en este oficio supo calmar los ardores corporales y mentales de ese cliente, todo cambio cuando imperativamente le dijo: ¡bájate los pantalones! ¡Nada de besos! ¡Ven, trépate! ¡Muévete! ¿Ya? ¡Págame! ¡No¡, no existió romanticismo, nada de juegos amorosos como lo vio con sus compañeros de escuela, con sus amores imposibles a quienes los veía en los rincones apartados, jugando a ser amantes, a ser enamorados, aquí fue un trámite frio, apurado, sin más fondo que satisfacer esas exigencias de la cabeza, ni siquiera los calores del cuerpo a esa edad. 

 

Al verse ahí, en se momento, desnudo de la cintura para abajo, recibiendo ordenes, sin saber qué hacer, concibió que toda relación era así, era poder, era someter, era el dinero, el maldito vulgar dinero lo que hace que todo se mueva a hasta el “pinche amor” como se decía así mismo cada que terminaba de “chingarse a una vieja”, porque por muchos años fue cliente, supo que el dinero, ya no esas monedas, sino los billetes hace que todos cambien sus modos, perfeccionó su zalamería, aprendió a observar a detectar esas carencias, lo aprovechó y así navegó durante su paso por la secundaria, por la preparatoria, se enfocó en prepararse, para lo que él deseaba tener poder.  

 

“Chinto”, ese sobrenombre que le molestaba, ahora lo usaba para imponer respeto, no era respeto, era miedo, intimidaba a quienes se le hacían frente; su familia tuvo una buena racha, eso dicen, empezó a tener negocios, terrenos, las sospechas son múltiples, que se sacaron la lotería, que recibieron una herencia, que andan en malos pasos, que vendieron su alma al diablo, que este último acepto el trato, pero rechazó la de “Chinto”, ¡en fin! El dinero ya no era preocupación, pero nunca es suficiente, en el último año de la prepa, 1980, conoció a “Roge”, Rogelia Díaz para los de confianza, una chica menudita, de formas redondas, callada, calculadora, con una familia que tuvo que dejar el barrio de lujo, por causa de un mala inversión que casi los lleva a la ruina, así que su padres alcanzaron a vender su no tan fastuosa residencia para mudarse a este barrio clasemediero, Las Huertas, en donde a pesar de su “desgracia” veían por encima del hombro a los demás, porque esa venta les dio el saldo suficiente, para no bajar, según “Roge”, de clase. 

 

Coincidieron en la clase de orientación vocacional, quería descubrir hacía dónde dirigir sus estudios universitarios, “Roge” solo reforzó su interés por la economía, “Chinto” aún resguardaba ese anhelo de estudiar antropología, pero vio que una ingeniería era un buen negocio, eso de vivir de ideologías e ideas no le iban a generar el dinero, además eso de las ingeniería en energías, le dijeron, lo leyó, lo escuchó o lo vio, iba ser una profesión altamente demandada, esa carrera la acababan de implementar en el plan de estudios en la UAM, era la oportunidad de salir de este barrio, de este lugar en donde se veía atrapado.

 

Fue un lunes en que ambos llegaron antes que los demás, del saludo convencional pasaron a una conversación del mismo tono, “Chinto” se sorprendió que esa chica no lo repeliera como todos las demás, su charla no era tan vacía, por su parte “Roge” vio en este hombretón un protector, claro no era tan atractivo, pero al menos sabía mantener una plática interesante, sobre todo se emocionaba cuando se proyectaba pensando en generar dinero, crear una empresa aunque no tuviera la más reverenda idea de cómo hacerlo, veía en él ese ímpetu que tenía su padre de regresar al barrio que dejaron a causar de un mal cálculo. Sus ‘amores’ no habían pasado de unos cuantos amigos que se animaron robarle un beso, a acariciar torpemente su cuerpo, sus hermanos nunca la celaron, su papá menos, solo ella veía y escuchaba como su hermana menor cambiaba de pretendiente cada semana y es que con ella la naturaleza, no los genes, habían sido muy generosa con ella, en su adolescencia vio como hacían fila para salir con ella, el teléfono siempre saturado, porque la llamaban todo el día, “Cata” no se negaba, disfrutaba ser asediada, las cosas se complicaron un poco o se enfriaron cuando dos de sus pretendientes coincidieron en su antigua casa y ahí disputaron su amor a golpes, tanto fue el revuelo que tuvo que llegar la policía a llevárselos un rato a los separos, al enterarse eso su papá la regaño le suspendió el uso del teléfono, le exigió las mejores calificaciones, le indicó a sus hermanos la vigilaran, pero al cabo de dos días Catalina, ya tenía otro novio, y no precisamente era uno de los rijosos. Así que cuando vio a Jacinto Flores, pensó: “este no se me va”. Y así fue. “Chinto”, torpe para reconocer el coqueteó, tardo en darse cuenta que era el objeto del deseo de “Roge”, solo se dio cuenta el día que acudió a su casa, todo porque tenían que hacer una presentación para la clase, los hermanos y padres de “Roge” lo trataron como el pretendiente, que no era en ese momento, y es que tras el desfile de jóvenes y no tan jóvenes que venían a ver a “Cata”, uno que acudiera a ver a Rogelia, era todo un suceso; a “Chinto” le agradó ser el centro de atención, además coincidió en muchas ideas con Don Mario Díaz, quien vio en él candidato ideal para “Roge”, él sabría cuidarla.

 

Después de esa visita “Chinto” se dio cuenta del interés de esa chica, vio en Don Mario y a sus futuros cuñados, aliados para ascender unos escalones más. Y claro cuando observó detenidamente a “Cata” no pudo evitar ver las bondades que le dio la naturaleza, solo se alisó el ralo bigote, unos años después ante la complacencia e indiferencia de “Roge”, “Chinto” y “Cata” desfogaron sus curiosidades, no fue nada del otro mundo, no fue nada memorable, salvo el niño que nació de esos furtivos encuentros. 

 

El oficio de zalamero ya lo había perfeccionado, se ganó la confianza de su suegro cuando formalizó la boda con “Roge”, Don Mario que mantenía algunos contactos en su antiguo círculo, que lo toleraban por los viejos tiempos, le dieron oportunidad a un joven aspirante a ingeniero, que se había convertido en un estudiante mediano y cumplidor en clase, en la universidad siempre estuvo al lado de los líderes quienes rebosaban de carisma, simpatía, él solo era operador, el mandadero de todos, tomaba notas, era quien se encargaba de organizar, siempre a la sombra de los demás, se imaginaba hablando en público diciendo incendiarios discursos, pero cuando tuvo esa oportunidad, se quedó mudo ante los cientos de estudiantes, empezó a leer, pero se equivocó tanto que los bostezos fueron más evidentes, sudando, tartamudeando, solo atinó el lanzar algunas consignas y se retiró, entonces llegaron quienes si saben hablar a explicar lo que “Chinto” quiso decir. ¡No! no le dijeron nada, pero él y los demás en un pacto tácito le dieron ese rol de operador, siempre, siempre a la sombra, aunque eso le dio oportunidad de operar, sí a la sombra, eso fue lo que vieron esas viejas amistades de Don Mario, quien requerían de alguien así, ese fue el papel del Arquitecto Díaz, antes que esa mala inversión, promovida por ellos, a sabiendas que por esa ambición lo llevarían a ese punto de quiebre, pero ahora con ‘sangre nueva’, estas amistades pueden darle ese espacio que dejó Díaz, lo que no sabían es que “Chinto” solo esperaba un parpadeo para desplazarlos; suceso que no tardó en suceder, tras el nacimiento de su hijo con “Cata”, “Chinto” hizo un movimiento que fue tan evidente que no lo pudieron, tanta luz también te ciega, todos lo vieron, pero no lo creyeron con la capacidad y agallas, lo hizo, operar a la sombra era su talento, además sabía cómo usar el dinero, cuándo, dónde y a quién, el fin justifica los medios decía, después de haber memorizado ese panfleto ideológico-filosófico-político de un tal Maquiavelo, por cierto eso no lo pudo ver Don Mario, ni el nacimiento del pequeño Mario ni de ese esperado desquite con esos amigos.

 


“Roge” había terminado los estudios universitarios, pero decidió dedicarse a la casa, a cuidar a su marido, aunque fuera de esas cuatro paredes, estuviera desbalagado, y aún dentro de esas paredes, fue el día con la dinámica habitual, dejar a los hijos a la escuela, regresar ir al gimnasio, regresar hacer el quehacer, la comida, pero ese miércoles, decidió ir de compras al Supermercado, que habían inaugurado hace poco cerca del barrio en el que vivían, venía con la calma habitual pensando qué es lo que le cocinaría a sus hijos, porque Jacinto siempre comía fuera, solo llegaba en la noche a merendar, venía con esos pensamientos cuando vio el auto de su hermana pasar, ¡Qué raro! Que no haya parado, me va buscar pensó y no hay nadie en casa, se dio tiempo para comprar un coca-cola bien fría, al dar la vuelta a la esquina vio el auto bien estacionado, no estaba ella en él, le había dado una copia de llaves, pero como es su costumbre las había perdido, tal vez las encontró en su casa, aun así apresuró el paso, al entrar a la casa no había nadie, estaba en el suelo esa chamarrita rompevientos que se había comprado “Chinto” cuando fue a ese viaje a Tijuana, y que en una escapada se dio tiempo de hacer compras en San Diego, pero cuando “Cata” la vio se la llevo sin decir ¡agua va! No importa pensó, ya le traerán otra, pero también estaba ese portafolio que le había regalado su papá a Jacinto. Sacó unos vasos, puso el refresco en el refri, tal vez su hermana se fue a recostar, pensando que iba a tardar, subió las escaleras, y si estaba en la cama recostada boca arriba y “Chinto” encima de ella, así como siempre con ese ritmo soso, lento y sin cadencia, ambos estaban en trance, la escena fue tan desagradable que ahogo el coraje, apretó los dientes, volvió sobre sus pasos en silencio como llego, guardó los vasos, tomó el dinero y se dirigió al nuevo centro comercial, antes de hacer las compras, pasó a una cafetería, ordenó un té, se sentó en silencio, vio la gente pasar, al cabo de unos minutos se levantó, pagó e hizo lo que hacen las amas de casa, una hora después regresó, ya no estaba el carro de “Cata”, el portafolio de Jacinto tampoco, la cama apenas lucía desarreglada, la ventana estaba abierta para que escaparan los aromas sospechosos. Y así fue cada miércoles de abril, para mayo todo volvió a lo habitual. “Roge” guardo esa moneda, que años después se la cobraría a “Chinto”, en esta mendiga vida todo, todo, absolutamente todo se paga.

Don Mario Díaz falleció en noviembre, Mario nació a mediados de enero, a finales de ese mes Jacinto Flores ya había tomado el mando de la empresa los amigos, primero como director general, también era socio minoritario, había empeñado su casa, sin que “Roge” se enterara, sus cuñados, Felipe y Delfino, le prestaron dinero, los convenció que hipotecaran su casa, aunque se negaron al principio aceptaron con la promesa que se los iba retribuir con creces, por su parte “Cata” sacó dinero de sus ahorros que había acumulado desde hace muchos años después de tres matrimonios, al menos algo sacó de lo maravillosa que había sido la naturaleza con ella. La promesa era que les regresaría el dinero y que los haría socios, sí les regresó el dinero, pero la sociedad nunca se dio, siempre les dijo que ese trámite ya no le correspondía, sus cuñados insistieron, pero se cansaron al menos no perdieron su hogar, pero ya sabes en esta mendiga vida todo, todo absolutamente, todo se paga. 

       

Poder eso es lo que deseaba tener Jacinto Flores, hoy ya lo tenía, una posición, ya no a la sombra, ya no operando para otros, era el jefe, ahora tenía el dinero para comprar almas, voluntades y por qué no cuerpos, esos cuerpos que se le negaron en su juventud, pero no hay que buscar más porque quedarse aquí, acomodaticio, oportunista como siempre, porque no entrarle a la política, tiene las cualidades, el hígado y los pocos escrúpulos, para ascender, si no es a la primera, será a la siguiente tanto va el cántaro al río que se rompe, su voz envejeció pronto, el espejo rehuía, las cámaras lo desnudan, esa sonrisa cada vez más siniestra, pero el dinero lo puede. 

 

Cierta tarde lluviosa de mayo, la plaza estaba llena, claro el dinero ayudó para llevar a miles de personas que lo vieron ascender, pasar sobre todos, pagando favores, o cobrándose otros tantos, todos sus hijos y ahijados crecieron, sus cuñados nunca olvidaron, menos “Roge” que tuvo que aguantar, soportar no solo lo de “Cata” a quien no le habla desde que nació Mario hace 25 años, y ni modo que lo niegue si es la calca de “Chinto”, Rogelia Díaz exigió el lugar que le corresponde, por derecho; le dijo a Jacinto “si llevas a ‘Cata’ y a tu nueva querida voy hacer un escándalo, además me tienes que dar el puesto que me corresponde”. “¡Sí, sí!”, dijo “Chinto”, unos días antes Felipe y Delfino también reclamaron sus lugares, Jacinto no podía, ni debía pelearse con la familia, buena o mala siempre hay que tenerla al lado, eso dice Maquiavelo, bueno así lo interpreta; Irais la nueva ‘protegida’ de Jacinto, no le hizo caso a su protector, ese día decidió vestir las prendas que unos días antes le había comprado el Ingeniero Flores, ella se veía espectacular, esas armoniosas formas detenían estampidas, su bello rostro lucía radiante, pero se nubló cuando vio a “Roge” que venía lanzando maldiciones, acompañada de sus hijos, la detuvieron, Marcela la hija mayor la “deschongó”, Iraís intentó defenderse, pero no le convenía responder de hacerlo perdería el puesto de supervisora que le había dado hace un par de meses cuando empezó a salir con “Chinto” y que sellaron en una jornada de hora extra en el privado. “Roge” calmó a Marcela y a Valente, que ardían, pero el escándalo no les favorecía, había que ser cautos, había que aguantar, poner el ejemplo, sonrisas ante el la gente, aunque en lo privado ni el saludo se dieran, por cierto, Mario estaba mirando a lo lejos con la cámara en la mano, como actuaba su tíamadre y hermanosprimos, tenía q ue ver los intereses de su mamá y de su tíopadre. Iraís aguantó la vapuleada, se soltó la cabellera eso la hizo verse mejor, evitó las lágrimas para que no se corriera el maquillaje, el rubor se acentuó por el embarazoso momento al final la estampida se detuvo; Rogelia, Marcela y Valente, digirieron el coraje, Mario volvió a su trabajo. 

 

Todo se paga. “Chinto” Flores poco a poco ha perdido el control, el poder que tuvo que siempre quiso, que siempre anheló, que siempre deseó ya ejercen otros sus cuñados, Felipe, Delfino, Catalina, su esposa Rogelia, sus hijos Valente, Marcela ¿Mario? Mario igual que su tíopadre ha empezado a cultivar ese oficio de zalamería, que tanto fruto le dio al progenitor de sus días…  “Chinto Flowers”, como le dicen burlonamente, está consciente que no haber actuado así nadie, absolutamente nadie lo respetaría, y al final a pesar de esa siniestra sonrisa, de esa aparente felicidad, ante las decenas de años que le quedan por vivir y ante miles de personas piensa ¿De qué sirve tanto poder, si ese poder te hace solitario y miserable?          

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