Al borde del precipicio
Morning, sun's in my eyes
I'm tied to your soul
One chance, one solitary life
How could I let you go?
Got a phone call, or was it a dream
A voice spoke to me
(Melanie/Toto)
El martes es el peor día de la semana, sea 13 o no. Olaf estrenaba cámara, por fin tenía en sus manos la herramienta para capturar imágenes que nadie, según él, iba a tomar, así que revisó que la pila estuviera al cien por ciento, que la correa estuviera bien colocada, el lente que le serviría por el momento captar lo que otros no ven.
Salió con la parsimonia que lo caracteriaz caminó, caminó, caminó y nada le gustaba, hacía pausas para comprar un ráspado, un agua, el sol ese día, ese preciso día, estuvo estricto, no daba tregua ni en la más frondosa sombra, sombras, luces, escenas curiosas, rostros, manos, de casi 200 disparos, tenía si acaso 10, ese es el vicio de las cámaras digitales, le advirtieron, vas a borrar, borrar y borrar, eso lo dijo su compa Enedino, al recordar esas palabras solo sonrío.
Agotado de tanto andar tuvo que buscar remanso en una fuente de sodas, buscó el asiento que estuviera cerca de la calle, no se daba por vencido, alguna imagen tenía que hacer valer la pena el desgaste de los zapatos.
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Melanie aun con sueño acudió puntual a sus clases en la ‘Uni’ primero la de Capital Humano, el profe Diego, que siempre le tiraba los perros, pero ella los esquivaba con habilidad, y Mercadotecnia, con la maestra Karen, estudiaba Administración de empresas, cursaba el cuarto semestre; siempre quiso estudiar artes teatrales, pero en casa le dijeron: No. “¡Bueno!”, le dijeron, termina una profesión que te de herramientas para un trabajo serio, ya despues te dedicas a eso de las artes. Fueron muchos días de platicas, a veces discusiones, pero por más que insistió no convenció a sus padres, ya un poco resignada aceptó esa lógica de sus mayores.
Al final el nombre rimbombate de la carrera la convenció.
‘Mel’ antes de cumplir los 15 años notó como su cuerpo empezaba a transformarse ¡magia! un día se vio al espejo, sus formas antes tiernas maduraban, no daba credito, todo crecía para bien o ¿era lo contrario?, misterios, misterios, ella buscaba respuestas observándose al espejo. Sin darse cuenta la infancia se diluyó en un parpadeó, en las miradas de sus amigas, amigos, en las ajenas descubría admiración, sorpresa a vececes envidia, y otra forma que en ocasiones la incomodaba o bien la hacía sentir bien, esa sensación a veces le regresabab esa timidez, en ocasiones usaba ropa holgada para cubrir las agradables curvas de su aún núbil cuerpo.
Hay de sonrisas a sonrisas, y ella la tenía, coloreaba un día gris, en su oscura y profunda mirada oriental muchos se perdían buscando un mensaje que nunca llegaba, menos si no los sabías descifrar, esos coquetos hoyuelos en las mejillas hipnotizaban, su piel de un brillante perfumado caoba provocaba una inusual tentación, y no faltaban quien… Ese martes desdpués de las primeras sesiones las siguientes clases se suspendieron por lo que tuvo la oportunidad de acudir con Marla a esa fuente de sodas que tanto le platicaba “¡Vamos al Precipicio!, ¡vamos ‘Al Precipio’!” Y sí, hoy se lanzaron Al borde del Precipicio, el nombre oficial de la fuente de sodas.
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Olaf estaba revisando sus 10 fotos que había dejado en la memoria de su cámara. El murmullo de la charla le permitía disfrutar de la música, el lugar era agradable, fresco las plantas de los interiores oxigenaban e impregnabab su esencia, empezó a enfocar, a prácticar con las luces, en eso pasó un mesero a quién le preguntó: ¿Puedo? Sí claro, no creo que exista problema—dijo--, sin desanteder sus actividades de su oficio.
Enfocó los floreros, los saleros, el pan, de vez en vez capturaba un rostro, las manos, el café humeánte recien servido, pero algo de pronto cambió, muchas cabezas giraron automáticamente, sin bajar la cámara clic los ojos, clic los labios y su bella sorisa, clic sus delicados hombros, clic su firme busto, clic esa breve cintura, clic esa sugerente cadera, clic esa bellas piernas, clic, clic, cilc el cuerpo entero y el alma también.
No. Melanie se percató, de ese atrevimiento, pero si Margarita, Mago para los amigos, la gerente-cajera-dueña-y-en-ocasiones-cocinera de El Precipicio, quien desde el momento que entró esa símpatica y atractiva chica pusó más atención en la rección de sus habituales clientes, minutos antes ya había puesto atención en ese peculiar jovencillo, que con cámara en mano no paraba de capturar instantes, situaciones, emociones, obviamente para Mago no pasó desapercibido cómo es es que Olafo, que hasta ese momento solo lo conocía como ese fotografo metiche, hizo ese seguimiento a esa bella chica, que robaba la atención del lugar, además el bullicio que causaba Marla con su festiva voz no pasaban desapercibidas.
Una idea que rondaba por la cabeza de Mago de pronto se materializó.
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--¿Seguirás esperando allí?, preguntó Melanie, mientras sonreía con un dejo melancolía.
--Sólo los dioses lo saben, respondió Olaf, a cada instante puedo ver tu cara en mi mente. Siempre hay un viento que atraviesa mi corazón que se siente tan frío, pero que se enciende cada que pronunció tu nombre.
--¡Dame tu mano!, tomó esas dedicadas manos de quien había sido su fotografo el último año. ¡Sabes! solo tu puedes rescatarme. Y puedes liberarme. Mañana al despertar, cuando sol esté en mis ojos, sabremos si nuestras almas deben estar unidas.
--¿Cómo podría dejarte ir?, dijo Olaf. En lo que recibía una llamada telefónica, parecía un sueño, una voz le habló y le dijo suplicante: “Podría jurar que fuiste tú a quien escuché llorar desesperadamente.
Un fuerte estruendo se escuchó, silencio, solo el ritmo de una agitada respiració, era el anuncio de una furte tormenta.
--Melanie, nada más con un rose de tu mano puedes rescatarme de una vida solitaria.
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Mago no lo dudo.
Olaf no lo dudo.
Melanie dudo, ¿es serio? Se decí para si misma mientras escuchaba a este curioso e impetuoso fotografo que le pedía, que le solicitaba una sesión de fotos, ¡qué atrevido! Pensaba ella. Sin saber que ese aspirante a artista de la lente, estaba más nervioso que nunca, no era la primera vez que abordaba a una chica tan atractiva, siempre se decía entre dientes: “chingue su… al menos no me voy a quedar con las ganas de que me manden a la goma”, con su mejor sonrisa y aplomo se acercó, sin mediar más que un “Hola quiero que seas mi modelo para una sesión fotográfica”.
--¡Mira que fresco! Dijo Marla en tono de burla.
Olaf ni siquiera se molestó en cotestarle a la amiga que, al parecer quería que la solicitud fuera para ella.
--No pude evitar hacerte unas fotos, cuando llegaste. Estaba mostrándole esas imágenes, ella sonreía al verse ahí en la pantalla de esa cámara. Melanie sonreía, Olaf también, Marla empezaba a mostrar aburrición.
El hielo ya se había roto, cuando en eso se acercó Mago, quien a su estilo sin buscar atajo les dijo: saben chavos quiero que tu, dirigiéndoe a Melanie, seas mi modelo, y tú, señalado a Olafo, tú vas a tomar las fotos. Su tono imperativo se suavizó un poco.
--¡¿Aceptan?! Y No me vayan a decir que no.
Melanie y Olaf se miraron, sonrieron, parecía que la respuesta era positiva.
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Pasaron 15 años, tal vez más, tal vez menos, la memoria falla y los recuerdos llegan de repente y son tan palpables que de nuevo sus manos parecían tenerla en sus brazos, acariciando su cabellera, toda ella, un largo suspiro lo invadió, siempre que eso ocurría no podía evitar la emosión, no podía evitar esa lagrima de intensa añoranza y de nuevo esa recriminación, esos golpes a la pared “¡qué sonzo fui!” todo por ser tan miedoso esa vez, solo esa vez falló a su filosofía: “chingue su… al menos no me voy a quedar con las ganas de que me manden a la goma”.
Una vez diluido el recuerdo de abrió el nuevo libro que empezaba a leer Antes de que se enfríe el café de Toshikazu Kawaguchi y las primeras lineas decían así:
Corría la extraña leyenda urbana de que en cierta cafetería de cierta ciudad, si te sentabas en un asiento en concreto, podías viajar al tiempo que desearas durante el rato que estuvieras allí.
Pero ¡qué lata!
Había unas reglas muy engorrosas:
La primera regla establecía que si querías viajar al pasado, únicamente podías volver a hacerlo en esa cafetería para encontrarte con alguien que ya hubiera estado allí.
La segunda regla establecía que aunque volvieras al pasado, por mucho que te esforzaras, el presente no cambiaría.
La tercera regla establecía que si en el asiento en el que se volvía del pasado ya había una persona, solo podías sentarte en él cuando esta se levantara.
La cuarta regla establecía que mientras estuvieras en el pasado, no podías levantarte ni moverte del asiento.
La quinta regla establecía que únicamente podías permanecer en el pasado el tiempo que tardaba en enfriarse un café.
Pero esas no eran las únicas reglas engorrosas.
Según los rumores propagados por los clientes del establecimiento donde se había originado esta leyenda urbana, el lugar en cuestión era la cafetería Funikuri Funikura.
Si te dijeran que siguiendo estas reglas podrías volver al pasado, ¿qué harías?
Está vez no lo pudo evitar, un intenso llanto lo invadió y se acordó que estuvo ahí Al Borde del precipicio y no se aventó, lo más seguro es que iba a caer en blandito pero no se aventó. Era martes o fue martes el peor día de la semana.
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