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... Te llamarás Gloria

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No hay nada que hacer ya, soy como soy  La vida en las aceras  No pienses que triunfar es lo mejor  La vida te golpea  No creo que al final vaya a ganar  El cielo en la tierra No creas que al final vas a ganar   (El cielo en la tierra/ La Unión )    ¿Haz visto a la sensualidad personificada ? ¿Haz percibido la belleza con los ojos cerrados? ¿Te han hechizado con solo una sonrisa? Te das cuenta que ya no te perteneces cuando solo sueñas que sueñas con ella… Pues eso me pasó amiga, eso me pasó y !no! No es una desgracia, al contrario me siento afortunado de haber vivido todo esto que te cuento.    Un varón de mediana edad , que no lloraba, pero casi; desbordaba recuerdos en cada suspiro, su compañera de mesa solo atinaba en oírle y de vez en cuando palmearle el hombro, era para remover más añoranzas, eso le animaba a seguir su monólogo-diálogo. Al paso de un mesero ella pidió lo mismo para los dos… tal vez la cafeína haría fluir la memoria...

¡Qué p*** calor! (Una celestial visión)

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La historia dice “así fue”; la novela propone “así pudo ser"    Enrique Serna   Cuentan que cuando los días son calurosos todo puede suceder; desde las desgracias menos pensadas, hasta visiones inimaginables. Pues lo segundo le ocurrió a Olaf , quien caminaba por las calles de una añeja ciudad, ahí iba como zombi, atosigado por el astro rey que no daba tregua ni bajo el cobijo de los frondosos árboles.  Él, hizo una breve pausa para recobrar aire, se secó el sudor que le recorría por el rostro, en esos menesteres estaba cuando a lo lejos vio una celestial visión, aguzó la vista, se talló los ojos, limpió sus lentes; no podía creer lo que veía..  La diosa Venus a la vista de un simple mortal.    La abrumadora temperatura de esa tarde no la incomodaba, ella iba fresca, flotaba, su andar hipnotizaba a quienes posaban su vista en tal deidad; ¡sí! el tráfico se detuvo, el tiempo se pausó… esto a causa del semáforo que estaba en rojo, pero no por ello los c...

El labregón de la hamaca

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Con paso apurado, a la espalda una pesada mochila que estaba por reventar, en los brazos libros, atosigada, acalorada, por llegar pronto a su casa, el intenso calor de la pronta primavera hizo resaltar su nacarada piel, en su mejillas se marcaban unas coquetas chapitas que hacían resaltar sus ojos color miel y sin más volteó a su derecha y ahí estaba de nuevo ese baquetón, tumbado en una hamaca que había colgado en el jardín de su casa, por cierto se veía fresco porque acababa de regarlo, la sombra del frondoso árbol lo cubría del abrasante sol de la tarde, él tenía en el regazo un libro, según lo estaba leyendo, pero lo que hacía era dormitar, se escuchaba de fondo una melodía de esos que se hacían llamar “ Los Bitols ”, Miriam sonrió de coraje, envidia, burla, una mezcla de sensaciones se agolparon en la cabeza, en eso estaba cuando a lo lejos escucho un ¡Hola! Y una mano que se agitaba saludando, ella automáticamente respondió, apresuró el paso, tenia que llegar a casa, no sin ante...

Memoria de ficciones o viceversa

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La vibración del celular es como el zumbido del abejorro, no es muy escandaloso, pero si persistente, lo ignoré la primera vez, pero ya la segunda ocasión ya no pude evitar contestar, ¿quién puede llamar a las nueve de la mañana, ¿qué no tendrán nada mejor que hacer?   --¡Sí, diga!, era un tono amable, pero enérgico, si es que existe ese tono de voz, al otro lado un silencio.  --¿Qué desea?, volví a responder ya casi molesto, tras unos segundos  --¡Eeee, eeh!, ¿está Olaf ?, era una voz entre medrosa, pero familiar  --¡Uuum… diga!, ¿quién habla?, ya exasperado del otro lado de la línea.  --¡Hola! ¿Cómo estás? Soy Sócrates , sin tiempo de responder, soltó de inmediato: te tengo una misión que te va a gustar, esta vez no es nada fuera del otro mundo de hecho, si no has desayunado o no tienes planes para comer hoy lo harás de a “grapa”.  Sócrates García un tiempo fue nuestro editor en el periódico donde coincidí con Adán, sabía que entre ambos existía una...