Tico-Tico no fubá


Dicen que el hubiera no existe… pero uno de mis profesores de la universidad Alejandro Byrd Orozco en una ocasión dijo: El hubiera si existe porque es el instante en que reflexionas acerca de lo que hiciste o dejaste de hacer, palabras más, palabras menos, pero la frase se me quedó tatuada en la memoria.

¿Y a qué viene este todo esto? Pues bien cuando era un párvulo de escasos cinco años, es decir hace ya mucho tiempo, era yo alumno del kínder Burbuja, así se llamaba no es broma, que se localiza o localizaba en la Colonia de San Andrés Tetepilco, recuerdo que la primera ocasión que mi madre me llevo a esa escuela hice un berrinche de dimensiones gigantescas, mi progenitora no atinaba en darme una verdadera felpa para llorar con motivos, o bien esconderse por el la pena de tener un hijo tan chillón, a la distancia veo aún las miradas inquisitorias y de burla de padres que llevaban a sus vástagos peinaditos, pero sobre todo, bien portados, ¡chale! Fue tal el alboroto que la directora del kínder salió y me apaciguó con una paleta, al menos el berrinche en ese momento valió la pena.

Mis remembranzas en el kínder son una especie de flashback, algunas escenas que me llegan son en tono sepia, con el ‘scrath’ como parte del sonido de fondo, hay algunas imágenes a color porque mis padres y padrinos tuvieron a bien retratarme antes empezar mi larga y sinuosa educación, aún guardo fotos en donde estoy en posición firme, con el cabello relamido con un pequeño portafolio.

Soy el primogénito y por consecuencia el conejillo de indias de mis padres, tíos, padrinos, así que un 21 de marzo había que disfrazar al niño para que participara en el desfile alusivo, por lo que ellos --los mayores-- se pasaron toda la tarde noche haciendo un disfraz en donde trataron de emular un águila que al final terminó siendo una copia bizarra de la Pájara Pegyy, pero sin los colores chillantes de ese peculiar personaje de la Carabina deAmbrosio. Lo interesante o lamentable es que hay material fotográfico que da fe de ese capítulo.
Uno de los recuerdos que considero son bastante oníricos de esa época fue cuando en otro festival, no recuerdo cuál, el kínder armó una función en un teatro por los rumbos de Coyoacán, así pues los ensayos antes de esa función no están registrados en mí memoria, hay saltos y sensaciones que me trasladan a esos instantes por ejemplo el momento en que llegamos al teatro, entremos por donde caminan de los artistas, en los pasillos tras bambalinas, en los camerinos…

Antes de eso recuerdo viajar en un autobús escolar, por la ventanilla veía como la tarde caía, poco a poco oscurecía por esos rumbos de la Cineteca Nacional, del Centro Cultural de las Artes, era un paisaje de un México que ya se nos fue, el verde ocre esos árboles aún prevalecen en mi recuerdo.

Y de nuevo tras bambalinas… Tras esperar nuestro turno, tal vez media hora, habría que hacerle un monumento a las maestras que apaciguaron las ansias de 15 o 20 chavalines de 5 años, todos ataviados de blanco, con cascabeles en las muñecas y los tobillos, tratando de emular a los cariocas brasileños, con lo cual refuerza al Negro que soy, a lo lejos escuchó música, aplausos, murmullos pero llegó el momento, dieron la tercera llamada… salimos. Recuerdo ver las luces sobre nosotros, que bailábamos o eso intentábamos a ritmo de Tico-Tico no fubá, mejor conocida como Tico Tico  interpretada por el fabuloso Ray Conniff y orquesta, al terminar nuestro número la ovación fue apoteósica.

Bajaron el telón, escuchábamos el ¡otra, otra, otra, otra! Esa sensación de recibir aplausos, de observar un teatro lleno, aunque tal vez era un pequeño foro de un complejo teatral, pero el escuchar las notas de esa melodía llenando el lugar aún provoca que la piel se me erice. No nos hicimos del rogar volvieron a sonar las notas y de manera automática salimos a dar lo mejor de nosotros, en nuestro pequeño ‘sambodromo’. Ese desparpajo de mi niñez desapareció con los años y renació décadas adelante, ya cuando la pena o la timidez te valen un reverendo sorbete.

Como apunte cultural Tico Tico es una canción brasileña con ritmo de choro Fue compuesta en 1917 por Zequinha de Abreu (1880 – 1935).​ La canción hace referencia al chincol, conocido en Brasil como el “Tico-Tico”.
Soy desafinado, no sé tocar algún instrumento musical, aunque intenté aprender a tocar la guitarra y el saxofón, pero siempre fui indisciplinado por lo que no aprendí nada ni siquiera en Guitarra fácil; el baile no se me da a pesar de ese peculiar antecedente de baile ante teatro lleno, la actuación tampoco es lo mío aunque en la secundaria como parte del trabajo final montamos una obra de teatro, pero me fui a más a la dirección, mis compañeros me dieron esa misión, de poderlos dirigir, la experiencia la repetí cuando en el CCH Azcapotzalco montamos un pequeño sociodrama en donde con otro compañero, Hermenegildo, escribimos y dirigimos esa puesta, meses después me designaron como director de un cortometraje que escribí y dirigí, mismo que fue parte de un trabajo final el cual lo titulé: Es como volver a empezar, sí Just like starting over la rola de John Lennon, ya en la Universidad, por razones de prisa dejé a un lado las actividades extracurriculares, pero le di rienda suelta a la creatividad literaria e hice algunos guiones que no pasaron de ser trabajos escolares.

No soy músico frustrado, cantó en la regadera, cuando ya me empiné media botella de tequila es cuando más entonación tengo, sigo sin bailar,  pero cuando el los tambores ancestrales llaman en ocasiones logro coordinar algunos compases y de vez en vez hago desfiguros, sobre todo cuando suena Surfing USA de los Beach Boys o alguna rola de Lost Acapulco, de The Cavernarios o los Santísimos Snorkels.

Con el paso del tiempo considero que he desarrollado gusto por las expresiones artísticas, todo en base a lecturas, charlas con los amigos, con maestros o especialistas del tema; he tomando clases de apreciación musical, cine, literatura; he puesto especial atención a la entrevistas a actores y directores, pero sobre todo he aprendido a quitarme los prejuicios para poner todos los sentidos a prueba todas las emociones que se pueden experimentar.

Pero que hubiera pasado sí tras la ovación cuando terminamos de bailar Tico Tico, los reflectores los aplausos, las emociones que apenas descubríamos fueran hoy día motor de vida, no lo sé, de mis compañeritos de kínder que la verdad no recuerdo a nadie, de ellos, tal vez alguno está metido en la industria del espectáculo, ¿Quién sabe? en esta vida todo es posible. Es el hubiera, y como bien lo dijo aquel entrañable profesor es simplemente el instante en que reflexionamos en está ocasión a ritmo de choro brasileiro tal vez hasta un poco de bossa nova ahorita estaría cantando ¡vaya usted a saber!.


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