El negro que soy


Hace unas semanas me di a la tarea de construir mi árbol genealógico, fue y es un ejercicio bastante entretenido, en ese rastreo la memoria tiene un papel fundamental, la conversación con los integrantes de mi familia resulta interesante, pero sobre todo aleccionador.

Al escarbar los recuerdos, no solo los míos, supe desde hace mucho que mi abuelo paterno nació en la costa chica de Oaxaca, específicamente en Santa Rosa de Lima, población que pertenece al Distrito de San Pedro Tututepec, dicho sea de paso, es el primer señorío mixteco, además se encuentra a un par de kilómetros de las maravillosas lagunas de Chacahua.

Así, este individuo de nombre Roberto, de espíritu viajero y aventurero recorrió los caminos que nunca imagino, según --me contó mi otro abuelo, Victorino—Don Rober fue uno de los tantos seres que trabajaron en la construcción de la Presa de Temazcal, allá en los límites de Veracruz y Oaxaca, eran los años 40 del siglo pasado, ahí fue donde conoció a mi abuela Domitila, nombre de origen latino que significa: la que ama su casa, “…es conocida por ser una mujer amigable, sociable y con un encanto particular y es que a pesar de su extroversión, ...”, en fin.

Mi ‘abue’ fue amigable, sociable, sin duda, pero mi abuelo era un alma viajera, así que de esa unión nació mi padre… la sangre costeña está en mis venas. Por lo que me contó mi abuela Don Rober era el típico costeño, piel negra --curtida, por el sol--, cabello crespo (chino para los que saben), de estatura media, arriba del 1.70m, de carácter dicharachero, pero un día decidió partir y ya no volvió; años después Doña Domitila se enteró que falleció allá, donde había nacido casi a orilla del mar.

No lo conocí, pero dicen que mi padre era igual a él, lo mismo dicen de mí, que soy una copia de mi papá, como bien dice Chicory Tip: Sé como tu padre muchacho/ Sigue en la misma tradición  (Son of my father). Por eso digo: soy negro, de cuerpo y alma.

Mi primer encuentro con un afromexicano fue en la primaria, era 1978 en la Escuela Suecia de Colonia El retoño --que pertenece aún a la delegación Iztapalapa--, ahí tuve un a un compañero de clase de nombre Abraham, para sus seis o siete años él era uno de los más altos del salón, era muy cándido, por decirlo de una manera amable, pero con unas cualidades físicas instintivas, recuerdo que en las famosas clases de educación física en las carreras de velocidad, a dos zacandas que dábamos él daba una, avanzaba en cámara lenta, flotaba, echaba la cabeza hacía atrás como compensando es movimiento de brazos y piernas, nadie le daba alcance, al final cuando cruzaba la meta parecía que solo había recorrido un par de metros mientras que los demás, yo incluido, llegábamos fundidos, sin aire, casi a gatas.

Hay una tercera raíz, son invisibles dicen los estudiosos del tema, nos han vendido la idea de un México mestizo, pero no es así este país tiene afrodescendientes, asiáticos, europeos, escandinavos, árabes, hindúes, este país es multicultural, multiracia,  Yolanda Vargas Dulché había retrató por generaciones un simpático negrito Memin Pinguín (1943), años más tarde en 1948, Pedro Infante da vida a José Carlos Ruiz quien con Emilia Guiú quien interpreta a Ana Luisa de la Rivas Salazar en Angelitos Negros, película dirigida por Joselito Rodríguez, ¡claro! bastante lacrimógena, solo recordemos la escena en donde Belén, Titina Romay, hija del matrimonio se baña de talco para blanquearse para que su mamá la quiera, porque Ana Luisa desprecia a los negros.

Pasaron muchos años más para que volviera a ver a un afromexicano, durante ese lapso empecé a conocer más de esa tercera raíz, había pasado los años en donde “tararee” las canciones de Cri-Crí  como el Negrito sandía, Negrito bailarín, Negrita cucurumbé, que hoy día seguramente serian políticamente incorrectas, pero esas melodías son sin duda la música de fondo de mi infancia, para esos años el rey del futbol era Pelé, afrodescendiente, Mohamed Alí, se convertía en el más grande en el boxeo, muchos años atrás Jackie Robinson se convirtió en héroe al irrumpir en el llamado pasatiempo nacional de los Estados Unidos, el beisbol, Jesse Owens derribó con veloces zancadas el mito supremacista de Adolfo Hitler.

Chuck Berry, Muddy Waters, Little Richard, sentaban las bases para lo que sería conocido como rock and roll, en la televisión mexicana en la década de los años 80 las comedias protagonizadas por negros eran pocas y reforzaban el estereotipo americano de las minorías, pero el Show de Bill Cossby (quien recientemente fue acusado de abuso sexual) Blanco y Negro (Diff'rent Strokes) en donde un niño cachetón le preguntaba a su hermano ¿De qué estás hablando Willis?, era Gary Coleman, de pronto en la serie veíamos como todos crecían menos Arnold, quien años después nos enteramos que nació con una enfermedad congénita del riñón causándole nefritis, que detuvo su crecimiento a una edad temprana, en otros términos era un “enanito”.

Entonces todos aquellos que eran de color serio o sea negros, irremediablemente fueron “bautizados” con el apodo de Arnold o en todo caso Willie y si no, simplemente: Negro, Chamuscasdo, y un largo etcétera; todo dependiendo del ingenio de los gandules del barrio en donde crecimos.

Para esa época pocos notamos que los héroes y heroínas deportivos eran afrodescendientes: Carl Lewis, “Sugar” Ray Leonard, Earvin “Magic” Johnson, Kareem Abdul Jabbar, Michael Jordan, Bo Jackson, Walter Payton, Reggie Jackson, Hank Aaron, Florence Grifitth Joyner, Jackey Joyner-Kearse, Ana Fidelia Quirot, Marie Jose Perec, Cathy Freeman, Merlene Ottey, Lisa Leslie, Regla Torres, Yumilka Ruiz, Mireya Luis.

En el cine poco a poco ganaron espacio, antes de Sidney Poitier, quien en la película  The Blackboard Jungle, que en México se tradujo como Semilla de maldad, tenía unos de los papeles principales lo mágico de esa película es que Bill Halley & his Comets, cantaban una de las primeras canciones denominadas como rock Rock around the clock, la juventud de esa época poco le importó la historia sino que solo acudieron para regodearse con esas notas endemoniadas, a pesar que Pointier comparte créditos con Glenn Ford y Vic Morrow, su papel es estereotipado como un delincuente, es el negro, él tiene que ser el malo, pero al final tras un drama de sospechas el malo resultó ser el blanco atormentado.

La belleza estereotipada; te decían que la hermosura solo se da en la gente anglosajona; rubios, ojos claros, altos, sin una gota de grasa en el cuerpo, ellos son los exitosos, la televisión el cine nos vendía ese modelo, pero de repente descubres en pantalla a Pam Grier, Halle Berry, Brandy, Tyra Banks, Vanessa Williams, Nahomi Campbell o de repente escuchabas potentes y melodiosas voces como la de Nina Simone, Aretha Franklin, Ella Fitzgerald, Tina Turner, Donna Summer, Whitney Houston, Beyoncé, ¿más? o el talento de Jimmy Hendrix, B.B. King, Marvin Gaye, Ottis Reading, Ray Charles, James Brown, Steve Wonder, Bob Marley Michael Jackson ¿más?

Spike Lee, nos mostraba su arte al dirigir estupendas películas; los negros dejaron de ser los malos o los patiños en las películas, para convertirse en los actores principales, eran héroes o anti-héroes, Will Smith, Denzel Washington, Wesley Snipes, Cuba Gooding Jr., Laurence Fishburne, Samuel L. Jackson, Morgan Freeman, Jamie Foxx, Forest Whitaker, Michael Clarke Duncan, ¡vaya!, hasta Doug ‘The Rock’ Johnson y habría que hacer una revisión del movimiento cinematografico quese conoció como blaxploitation.      

Y para derribar más estereotipos personajes afrodescendientes han dejado una huella imborrable en la historia de la humanidad: Martin Luther King Jr., Nelson Mandela, Desmond Tutu Malcom X, Angela Davis, Rosa Parks, literatos como Iceberg Slim, o la ganadora del Nobel Toni Morrison, Maya Angelou, ¿más? Oprah Winfrey es la mujer afroamericana más poderosa de los Estados Unidos, bueno nadie esperaba y menos nuestros vecinos que íbamos a ver a un presidente negro: Barack Obama, así que todo es posible nada está perdido.

Volviendo a nuestro país que se escandaliza por el racismo de la sociedad americana con la población afro, o reprobaba el Apartheid en Sudáfrica, aquí veíamos con mucha curiosidad el talento de Johnny Laboriel, nos reíamos de las situaciones de Jorge Zamora Montalvo ‘Zamorita’, pocos se acuerdan de Álvaro Córdoba Eduardo de Barrenechea Muñoz (cubano), quien es Fray Escoba, película española de 1961, es la historia de San Martín de Porres, para 1964 vuelve a interpretar al personaje en la telenovela San Martín de Porres, ¿recuerdan una película en donde Mauricio Garcés comparte crédito con una afrodescendiente? Su nombre Robertha, nacida en Lima, Perú; actriz y cantante, ella le da vida a Charlotte en esa cinta que llevó como nombre Vidita negra.

Volviendo con Doña Yolanda Vargas Dulché en 1951 crea Rarotonga, historieta que traspasó el tiempo se plasmó en cine, televisión y hasta llegar a la música con Café Tacuba, dice Doña Yolanda que el personaje se les había ocurrido a ella y a su esposo Guillermo de la Parra cuando, en un crucero por las islas del sur, conocieron a una mujer bellísima que les inspiró el personaje.

Para la década de los años 90 trabajaba yo de cerillo en una tienda departamental, ahí conocí a otro afrodescendiente era un niño de escasos 13  años, yo para ese tiempo tenía 17, su nombre no lo recuerdo con precisión era René o Roberto, de lo que sí me acuerdo es que era de piel morena azabache, con una sonrisa que de verdad iluminaba la oscuridad, su pasatiempo después de la jornada cerillesca era recorrer todas las líneas del Sistema de Transporte Colectivo, popularmente conocido como el Metro, él no quería llegar a su casa temprano, vivía en alguna colonia de Ciudad Neza, ¿cuál? No recuerdo, pero era todo un caso, sobre todo cuando tuvo que aventarse un “tiro” con otro chaval de su misma edad, pero con unos kilos más que él, ya que ‘Arnold’, --era el apodo obvio--, era un palillo, pero nunca se abrió, en fin… todavía lo rememoro viajando por las entrañas de la ciudad y maravillándose con el túnel de la ciencia en la estación La Raza.

Por esa época por razones de familia visité Yanga, Veracruz, población que está cerca de Córdoba, poco a poco a descubría mi negritud; la historia de Yanga es en verdad fascinante mucho antes de la guerra de independencia en 1810, Gaspar Yanga, dicen los historiadores que era príncipe de la tribu pues mientras unos aseguran que llegó del pueblo de los Yanga-Bara, otros están convencidos de que perteneció a la nación Bran. Él liberó a su pueblo, una comunidad de esclavos africanos que se rebelaron al yugo de la esclavitud de la corona española, para 1609 se llamó San Lorenzo de los Negros, luego San Lorenzo Cerralvo, fue hasta el 5 de noviembre de 1932 se estableció que el municipio y la cabecera se denominara como Yanga y el decreto de 22 de noviembre de 1956 lo elevó a la categoría de villa.

En nuestra televisión, muchas de las veces lamentable en contadas ocasiones memorable, en esa década de los años 90, --el ahora canal de ‘Las estrellas’-- transmitía la telenovela infantil Carrusel en donde varios observaron cómo Cirilo (Pedro Javier Viveros) moría de amor por María Joaquina Madsen (Ludwika Paleta), de nuevo los estereotipos, los grupos vocales debían de ser incluyentes La Onda Vaselina contaba en su alineación con los hermanos Kalimba y M’balia Marichal, Timbiriche en su última etapa integró a Jean Duverger, a pesar de ello la comunidad afrodescendiente seguía en la invisibilidad.

Pasó mucho tiempo antes de conocer a más gente afrodescendiente, mi amigo del alma Luis Enrique Suárez Camacho, pasaría como colombiano, cubano, hondureño, pero su raíz está en Chiapas, y digo que puede pasar porque el canijo tiene el ritmo en las venas, nada más escuchamos los primeros compases de ese histórico Candombe para José, que popularizó en México una agrupación que se llamó Los virtuosos de la salsa y que tuvo el tino de renombrar esa melodía como El negro José, pero esa ya será materia de otro escrito.

Terminé mis estudios universitarios y decidí hacer carrera en la provincia mexicana, había que huir del trajín del entonces ‘Defectuoso’, un año en por tierras jarochas, sí la tercera raíz me llamaba, para luego internarme en los caminos de Oaxaca, de norte a sur, de este a oeste, de la sierra a la costa, re-andando, tal vez, los caminos de mi abuelo Roberto; conocí un Estado mágico, con sus luces y oscuridades.

Me adentré más a la vida de Álvaro Carrillo, originario de Cacahuatepec, Oaxaca, creador de obras maravillosas como Sabor a mí, Luz de luna y obviamente la chilena Pinotepa Nacional, había y hay influencia de la tercera raíz, ahí en esa Costa Chica tanto la de Oaxaca, como la de Guerrero, parece que son visibles los afrodescencientes.

En esa búsqueda de inclusiones existió un proyecto deportivo que en ese entonces propuso el medallista de oro y plata en caminata en Los Ángeles 1984 Raúl González –Don Galleto--, que era crear un centro deportivo de alto rendimiento en la zona de Costa Chica de Oaxaca con el antecedente que al haber una población de afrodescendientes que a sabiendas de su potencial y cualidades físicas ahí se podía captar talentos que nos iban a llenar de medallas en las competencias internacionales, en teoría era buena la ocurrencia, pero era solo eso una mera ocurrencia, había que atender las necesidades primarias de esa población que por siglos ha sido segregada, ignorada, así que de buenas a primeras había que aceptar ser deportistas de excelencia, sin tener siquiera una buena alimentación. Años después conocí Pinotepa Nacional ya como reportero de la fuente deportiva asistí a un torneo internacional de basquetbol, obviamente observe un gran talento, pero como dicen son ‘garbanzos de a libra’.

Me he descubierto negro, esa tercera raíz está más presente… las expresiones culturales en este México profundo y desconocido sorprenden cada vez que ponemos atención, cuando nos despojamos de las ideas pre-concebidas, cuando nos damos esa oportunidad de asombrarnos, de apreciar la belleza, las maravillas de este mundo.

Recuerdo una crónica del entonces locutor de esa legendaria estación Rock 101, Jordi Soler, quien en la jornada escribe un relato que titula El negro que yo fui, en una de sus coberturas que hace de unos de los conciertos de los Rolling Stones en su gira del disco Steel Wells (la memoria me falla, los años ya me afectan, pero si no mal recuerdo era esa la gira), llega a Chicago y se asiste a los clubes blues de la llamada “Ciudad de los vientos”, Soler describe esa metamorfosis al escuchar blues ese ritmo primigenio que cuando se da cuenta ya es un negro más en el club, más o menos así recuerdo esa crónica que me dejó un grato sabor.

Pues bien yo no fui negro, SOY NEGRO, tal vez no poseo las habilidades físico-atléticas para ser un deportista de elite como: Usain Bolt, LeBron James o Kevin Durant, ni el talento de Miles Davis, Louis Armstrong, Dizzy Gillespie o Compay Segundo, tal vez ni el ritmo de Gregory Hines o Sammy Davis Jr., o la fuerza y virulencia de Dr. Dre, Ice Cube, Eazy-E, MC Ren, DJ Yella, Snoop Dog, de lo que estoy consiente es que mi abuelo dejó genes de afrodescendiente en este quien de vez en vez aporrea las teclas intentando darle sentido a las palabras que están ahí para ordenarlas y darles en ocasiones algún significado que logre despertar algún sentimiento aletargado.

Y como bien canta ese mariachi femenino avecindado en New York, Flor de Toloache: Esclavo soy, negro nací, Esclavo soy, negro nací, negro es mi color, negra es mi suerte, negro es mí color seré negro para siempre… Ok suena bastante fatalista, entonces disfrutemos la interpretación de La Santa Cecilia, esa agrupación que nació en La Plaza Olvera en Los Ángeles, California… La Morena:

Floriando la yerba buena/Mi madre a mí me parió/Mi madre es una morena/Morenita nací yo/Morenita nací yo,/Con la sangre de sus venas/Ay morena, mi morena/Y vuelvo a decir morena/La sangre que llevo dentro/Me la diste con amor/En la cara y en el cuerpo/Llevo todo tu color/En la cara y en el cuerpo/Llevo todo tu color/Como la mar lleva arena/La muerte vendrá por mi/No sufriré ni una pena/Pues el amor conocí/Pues el amor conocí/En tus brazos mi morena/Adiós, adiós, mi morena, adiós/Y vuelvo a decir morena/ Ay ya no llores morena/Que muy pronto nos veremos/La muerte no nos condena/En el jardín de los sueños/La muerte no nos condena/En el jardín de los sueños/¡Vámonos! ¡Eso mi morena!





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