Mi última pesadilla

Los sueños se pueden hacer realidad…pero igual las pesadillas.

Hace unas semanas desperté en la madrugada con un sonoro grito, agitado y con las palpitaciones cardiacas aceleradas fue una pesadilla que hizo que ese alarido se oyera varios metros a la redonda, muy probablemente algunos los vecinos con el sueño ligero despertaron para recordársela a quien haya gritado de esa manera.

La revista Buena Salud en su artículo ¿Por qué tenemos pesadillas? nos informa: Entre un 4 y un 8% de la población mundial padece pesadillas con cierta cotidianeidad. Si bien pueden manifestarse ocasionalmente en momentos de mucho estrés, por hábitos inapropiados o por factores fisiológicos, suelen aparecer en una edad temprana, entre los 3 y los 6 años. De hecho, la mayoría de quienes las han experimentado de adultos, han tenido algún episodio en su infancia.

Mi última pesadilla antes de la que les narraré la tuve en la época de la preparatoria, aquella escena la tengo bastante presente que a la distancia me da risa, ahora que recuerdo la reciente ya me da risa pero en su momento no fue un despertar agradable, créanmelo. 

El susurrar el viento, las ramas de los árboles se bambolean, ¿por qué razón estoy en el jardín mientras todos duermen? La espesa noche es iluminada por los perlados y suaves rayos de una luna rebosante, percibo los aromas nocturnos, son muchos, diría que infinitos, mi andar es pesado, lento, así me observo, no hay tiempo, no hay cansancio, pero si frío, siento como la piel se tensa, una extraña ansiedad me invade, debería de estar cama, en la calidez de mi cama, en este jardín que empieza a ser infinito.

Alguien me observa, el escalofrió es más vivido, hay incomodidad, la noche, la oscuridad ya no es agradable, me doy cuenta que mi mascota está a mi lado se ve impaciente, nerviosa, es una perrita french puddle blanco, se trata de comunicar conmigo, eso creo que hace pero sus gruñidos y ladridos los escuchó lejanos a pesar que está a unos centímetros de mí, su intranquilidad aumenta, la adrenalina empieza a fluir o será el miedo.

‘Ampolleta’, así se llama mi perrita, intensifica sus ladridos, pero los escuchó más lejanos, alguien me sigue, está detrás mí, ¡no! no quiero voltear, quiero caminar, correr; no puedo, las piernas no responden, todo me pesa, mi respiración se agita, y mi desesperación se incrementa.

La iluminación lunar ya es incomoda, veo mi sombra, pero percibo otra a unos pasos de mí, se acerca, ya es miedo lo que siento, pero no estoy petrificado, no puedo moverme, mis movimientos son pesados lentos, obtusos, torpes, ‘Ampolleta’  ladra con más frecuencia se ve enojada, molesta con quien acecha, escucho el murmullo del viento sobre las ramas de la vegetación, el jardín ahora es un oscuro bosque, los rayos de lunas se cuelan tímidos, trato de seguir mi camino, en ese instante me toman de la mano, el temor es electrizante, la sensación terrible, una mano fría me aprieta, las palabras se ahogan, perdí el habla, el movimiento, solo veo a mi mascota ladrar con más fuerza, ya casi no la oigo.

Por el rabillo del ojo distingo a quien me apresa la mano, lo hace con más fuerza, lastima; mi angustia se desborda, quiero gritar, no puedo, quiero zafarme no puedo, quiero gritar no puedo, quien sigue ahí es ‘Ampolleta’ no se ha ido, ladra, ladra, ya no la escucho, ya no la escucho… apenas distingo en la oscuridad a quien está a mi lado, los rayos de luna no iluminan su rostro, pero si veo una burlona sonrisa que apenas se dibuja.  

Me habla pero no entiendo nada, son murmuros inexplicables, sonidos guturales, quiero maldecir, gritar pero todo se ahoga, ‘Ampolleta’ siguen en su intento de ahuyentarlo o ahuyentarla, sus ladridos parecen más cercanos, el tiempo parece recuperar su normalidad…

¿Cómo y cuándo se producen? Explica la revista Buena Salud: El dormir se divide en dos etapas: el sueño NMOR y el MOR. Durante el primero, los ensueños son más bien ligeros, mientras que en el segundo son más intensos, vívidos y elaborados. Consecuentemente, se pueden recordar con mayor precisión. A su vez, en este período, la musculatura está paralizada, la frecuencia cardíaca y la respiración son irregulares, la actividad cerebral muy similar a la que se tiene al estar en vigilia y, como el término lo indica, los ojos se mueven constantemente. En esta faceta del dormir se producen las pesadillas, un sueño angustiante con una fuerte sensación de amenaza de vida, que produce agitación y finaliza con un despertar brusco, sobresaltado.

…en un parpadeo ya veo al personaje delante de mí ahora me jala, me resisto, con las pocas fuerzas que siento, me arrastra, empiezo a escuchar, por fin mi voz, pero no artículo nada, son solo sonidos inentendibles, escucho más claros los gruñidos de ‘Ampolleta’, se para frente al personaje le impide el paso, de vez en vez tira alguna mordida que es esquivada, no se amedrenta, y lo vuelve hacer, tal vez en esa pujanza, aflojó fue en ese momento que me pude zafar, fue en ese instante que pude gritar, un grito fue sonoro, se escuchó en otras dimensiones; el tipo volteó la sonrisa era fría, gélida, la mirada imperturbable, el blanco de su piel relucía con la luna, me señaló con el dedo y... desperté.

¿Por qué aparecen? --apunta la revista Buena Salud-- Las causas que provocan un sueño angustiante son múltiples, no hay una explicación única. Desde la psicología conductual, por ejemplo, consideran que son producto de la ansiedad, el estrés, las descargas eléctricas del cerebro, los recuerdos o parte de las preocupaciones que se tuvieron en el día. En tanto, los psicoanalistas afirman que son manifestaciones del inconsciente que, a través de imágenes angustiantes, disfrazan un conflicto no resuelto que atraviesa el sujeto. Hay profesionales que consideran que los sueños les dan una función al durmiente: la de ayudar a superar los miedos más ancestrales y de ahí las pesadillas.

Gloria Gitaroff, por caso, psicoanalista, autora del libro Los Sueños y miembro de APA, explica que “para el pensamiento freudiano, las pesadillas pueden estar relacionadas con lo sexual, porque lo que está prohibido es la sexualidad. O también con algo inmoral para quien las padece. Por eso la persona se despierta, como si no quisiera enterarse tanto de determinado tema”.

En tanto, la doctora Mirta Ana Averbuch, jefa dela Unidadde Medicina del Sueño del Instituto de Neurociencias dela Fundación Favaloroy autora del libro Recetas para dormir bien, consideró que “las pesadillas en los niños son fruto de sentimientos de inseguridad, ansiedad, miedos o preocupaciones. También pueden estar inducidas por enfermedades, dolores, sobreexcitación, los programas violentos de televisión o las amenazas enfermizas por parte de los padres”.

Asimismo, quien se desempeña como  directora del Instituto Somnos agrega: “No sabemos a ciencia cierta los mecanismos cerebrales  que las  originan, y cuando un sueño se transforma en pesadilla. Lo que  sí podemos asegurar  por medio de estudios del sueño (polisomnografia), que las pesadillas se producen durante el sueño del “soñar”, denominado Sueño MOR o REM.”





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